Sus pájaros nacieron de improviso, y su sonrisa empezó a teñirse de una timidez ilimitada acompañada con rápidos latidos de un corazón que despertaba, que volvía a sentir profundo. Volvieron los sueños estúpidos, la tonteria inevitable, aquellos imposibles..Y el regreso a creer que todo aquello podría ser posible, que algo cambiaría y aquello deseado ocurriría. Surgen la esperanza, las ilusiones, miles de películas y diálogos posibles que se entremezclan en sueños tintados de inalcanzables, y sin embargo, cada uno de ellos contiene un pedacito de nuestra fe, una negación de la casualidad, una ignorancia de las circunstancias.
Y así fue, los pájaros fueron alimentados con sonrisas, con palabras malinterpretadas, con una mirada distinta llena de un brillo inesperado. Los sueños se hicieron cada vez más grandes y pareció inevitable mantener escondido aquello que delataban los ojos. Pero, la razón de vez en cuando reaccionaba, le hacía ver que debía golpear la cabeza contra una dura puerta, matar aquellos pájaros que la alejaban, que la hacían alcanzar las nubes y negar una realidad que no cambiaría, que permanecería inmutable y que debía de aceptar.
En cambio, esa aceptación sólo duraba apenas segundos, pues un nuevo sueño la atrapaba, sin duda los pájaros la habían cegado y su correteo se convertía en una droga eterna.
Entonces, de un día a otro algo se rompió, los ojos carecían de ese brillo y su mirada sólo destilaba serenidad y los pájaros fueron ahogados por ese frío, esa distancia no física y esa realidad como el mármol de la que hablaban los ojos de él, ajenos a su sentimiento. Aún así, los pájaros no murieron, ya eran demasiado fuertes como para sucumbir a un invierno, siguieron ciegos y desearon en silencio, pues quisieron negar que carecían de alimento, aunque no pudieran evitar el hambre y esa sed que los mataba por dentro. Continuaron constantes, hasta que la distancia hablo de km o de falta de puntos y circunstancias comunes, y el adiós se hizo previsible. Así fue, ya no hubo respuesta de los pájaros, tal vez murieron aunque el recuerdo de su piar aún resuena muy de vez en cuando en el oído, o quizá sólo duerman, hivernen esperando ese sentido para volver a despertar, volver a encontrarse.
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