sábado, 28 de julio de 2012

Palabras optimistas para corazones atormentados...

-Verás, me gustas mucho pero no me gusta como me haces sentir, pequeña e insignificante. He concluido que eso no es el amor que busco. Y ¿sabes por qué? Porque si fuera una realidad, si de verdad existiera más allá de mi cabeza, al empequeñecerme, tus ojos me engrandecerían de nuevo.
Tus palabras me darían vida y me harían más fuerte, y poco a poco saldría de ese cascarón en el que me tiene encerrada tu mirada. ¿Cómo pretendo mostrarte todo lo qué soy si me haces sentirme una hormiga? Debería poder aportarte algo y deberías sacar todo lo bueno de mí, y no hacerme sentir la persona más torpe del mundo. No quiero depender de nadie y no quiero ser una esclava de tu presencia, pero en toda mi vida siempre he sido dependiente y tal vez por eso, sumado a ese miedo racional a las consecuencias, mi meta en la vida sea la confianza. Deseo confiar en mí y la seguridad, y no puedo dejarme abandonar y flaquear cuando mis sueños se frustran. Pero es que siempre hay obstáculos y cuando no los hay los invento y entonces, llegan. He aprendido que si éstos existen es porque aún me queda mucho que aprender, sin embargo, en la práctica hasta la más sabia reflexión se olvida. Me han mordido tantas veces el corazón y ¿lo peor? sé que ha sido de forma leve, que podrían morderme más fuerte, tanto como para hacerme sangrar.

Parece que mi lugar se afianza siempre entre bambalinas y no en escena, y cuanto ansío la escena. Siento que me prometen un papel pero que en la partida de póquer se lleva el dinero el de menor piedad, el que tiene menos que perder. Todos somos cordero y lobo y las veces que el lobo se disfraza de cordero son infinitas. Pero como todo, un día despiertas y te dices <<por fin he saltado el escalón>> no obstante, que fácil y tentativo es retroceder, un mar de palabras bonitas bastan.

Así que, cuando todo se cierre a ti, cuando diera el mundo por ti, cuando todo fin seas tú, me obligaré a mirar a otro lado y a descubrir que puedo sobrevivir, que tú sólo eres una pequeña página que se niega acabar en la novela de mi vida, una etapa. Pero, maldita sea, mi presente.

domingo, 15 de julio de 2012

Mi vida en pocas palabras.

Tras mucho tiempo, hoy lo he comprendido, no te he perdido, simplemente, nunca te tuve. ¿Pude tenerte? Había veces que tus ojos destilaban esa confianza, me hacían creer que podía ser posible y que sólo tú podrías crear un mundo de magia para mí. Sin embargo, nunca se sabrá lo que pudo llegar a ser, porque es pasado, ayer. Pero, he soñado tantas noches con ello y te he inventado de tantas maneras, que al fin ese velo que te cubría, esa advertencia que teñía tus palabras, se ha vuelto una realidad visible. 
No sé qué hacer frente a esta nueva circunstancia, frente a los nuevos hechos. ¿Sonreir por ver cada vez con mayor nitidez? o ¿gesticular una mueca de decepción por ser estrellada y no estrella? Ojalá todo fuera como antes y me bastará fugarme a otro mundo o evadirme para huir de una deprimente verdad. No obstante, estamos en un devenir constante y se me ha hecho inevitable despertar de ese sueño que me ha mantenido aletargada durante todo este tiempo. 
Como siempre, no ha sido un beso de príncipe azul el que me ha devuelto a este mundo, ha sido la vida misma y, sobre todo, sus partes más injustas.
La libertad fue el primer olor que impregnó mi nariz al despertar, ¿por qué esperar que un beso de palabras te haga latir de nuevo, abra tus ojos? ¿por qué tanto depender? Nunca vas a llegar a tu extremo si no aprendes sola su dirección. 
Por eso, sé que tengo que armarme de valor y que eso de superar mis propios miedos tiene que salir de mí y no del sacacorchos de nadie, porque todo lo que te rodea es efímero y mentirá quien te prometa un siempre, pues el "siempre" nació de una esperanza. 
Da miedo, tanto miedo que a menudo me tiemblan las piernas. El miedo es una de las peores enfermedades del mundo, pero una de las pocas que se puede superar. Así que, tras una respiración profunda, tienes que obligarte a mirar debajo de la cama y ver la realidad, no lo que tu imaginación ha echo de ella.
En resumen, tienes que dejar de tener miedo a perder lo poco que tienes por exigir lo que mereces y, por encima de todo, has de evitar caer en utopías e imposibles sin olvidar que son los principios, aún inalcanzables, los que nos mueven a actuar.