-Verás, me gustas mucho pero no me gusta como me haces sentir, pequeña e insignificante. He concluido que eso no es el amor que busco. Y ¿sabes por qué? Porque si fuera una realidad, si de verdad existiera más allá de mi cabeza, al empequeñecerme, tus ojos me engrandecerían de nuevo.
Tus palabras me darían vida y me harían más fuerte, y poco a poco saldría de ese cascarón en el que me tiene encerrada tu mirada. ¿Cómo pretendo mostrarte todo lo qué soy si me haces sentirme una hormiga? Debería poder aportarte algo y deberías sacar todo lo bueno de mí, y no hacerme sentir la persona más torpe del mundo. No quiero depender de nadie y no quiero ser una esclava de tu presencia, pero en toda mi vida siempre he sido dependiente y tal vez por eso, sumado a ese miedo racional a las consecuencias, mi meta en la vida sea la confianza. Deseo confiar en mí y la seguridad, y no puedo dejarme abandonar y flaquear cuando mis sueños se frustran. Pero es que siempre hay obstáculos y cuando no los hay los invento y entonces, llegan. He aprendido que si éstos existen es porque aún me queda mucho que aprender, sin embargo, en la práctica hasta la más sabia reflexión se olvida. Me han mordido tantas veces el corazón y ¿lo peor? sé que ha sido de forma leve, que podrían morderme más fuerte, tanto como para hacerme sangrar.
Parece que mi lugar se afianza siempre entre bambalinas y no en escena, y cuanto ansío la escena. Siento que me prometen un papel pero que en la partida de póquer se lleva el dinero el de menor piedad, el que tiene menos que perder. Todos somos cordero y lobo y las veces que el lobo se disfraza de cordero son infinitas. Pero como todo, un día despiertas y te dices <<por fin he saltado el escalón>> no obstante, que fácil y tentativo es retroceder, un mar de palabras bonitas bastan.
Así que, cuando todo se cierre a ti, cuando diera el mundo por ti, cuando todo fin seas tú, me obligaré a mirar a otro lado y a descubrir que puedo sobrevivir, que tú sólo eres una pequeña página que se niega acabar en la novela de mi vida, una etapa. Pero, maldita sea, mi presente.