lunes, 6 de mayo de 2013
Azul oscuro
Hoy meto en un saco todos los te quieros que no te diré. Amontono las palabras que brotaron sin pausa al oír tu nombre, dejo fluir los sentimientos que pude sentir y se quedaron en una caricia condenada a morir, en una flor que apenas nació fue pisada.
Hoy guardo en ese saco los abrazos que aún mi piel siente que son tuyos... y acerco mi mano al corazón lentamente, dudosa y arranco ese trozo que envenenaste con tu nombre. Todo lo meto en el saco, hasta la calidez más amplia, hasta mi sonrisa más sincera.
Meto las canciones que un día te cantaría al son de una guitarra mal rasgada. Meto las que te compondría con mi voz, las situaciones felizmente inesperadas. Y abandono las ganas de tardes de cine, de tus dedos en mi cara, de tu sonrisa como respuesta a la mía. Las ganas de que me enseñes a vivir en tu mundo y yo dejarte crear en el mío. Las ganas de aprender contigo, de compartir la misma manta los días de frío.
Todo lo que no fue, lo que pudo ser un día, todo lo meto en un saco y lo tiro al mar. Lo tiro al mar, lejos, fuera de mí. Lo tiro al mar que por desgracia me recuerda a tus ojos. Y le doy la espalda.
domingo, 21 de abril de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
El último eco se perdió.
Lo sé, sé
que yo no puedo ofrecerte días de una luz que no sea la de la luna,
que yo sólo puedo darte inviernos. Que no te libro de tus tinieblas.
Pero he luchado mucho para llegar tras ellas. Puede que ya no sea la
niña pura que sonreía, la imagen llena de facultades que te gustó.
Has visto mi lado oscuro y has huido, te has creído las mentiras de
los demás, pese a que yo aceptara compartir cada una de tus sombras.
Tu frío, extrae mi frío, y mis intentos de calidez contigo sólo me
consumen en un invierno que se hace mío, que me cubre y se incrusta
en mis entrañas. Tú sólo me das silencio y no te dejas llevar por
el caer de mis pestañas. No comprendes mi amargura, sólo recuerdas
la tuya. Y ya no saco la sonrisa de tus labios que antaño, como cosa
de magia, surgía.
Recuerda, recuerda que podía ser calidez pero ha sido tu actitud distante la que me ha cerrado las puertas y ha convocado a mi torpeza. Has estrujado en un puño a mi orgullo y mi orgullo te ha mordido. Yo te lo hubiera ofrecido todo si me hubieras dejado, pero con el tiempo, poco a poco. Tú me mataste en tu corazón y rompiste el reloj que avanzaba y ahora sólo retrocede. Me haces sentir insignificante ante todas aquellas que pueblan tu rostro de sonrisas. Yo debería alegrarme, debería ser feliz y comprender que no funcionaría. Pero me he desvivido por devolver el aceite a las tuercas cuyo movimiento hoy ha muerto del todo. No entiendo porque sólo me apeno yo. Yo hubiera luchado por dar vida a esa sonrisa, que ya no me dedica ni muecas. Pero no puedo sonreír y entender que no te importo, que de nuevo resultó una jugada fallida y que la utopía de un nosotros quedó en un pasado en el que compartimos "algo" en lo que no participó la piel. Otras aprenderán a quererte, como siento que debí aprender yo, por sonrisas y sueños y no por la falta de tu presencia. Solía sentir que era natural tenerte cerca, que ese era tu lugar. Pero tal vez sólo me perdí en lo que murmuraron otros.
Me gustas, me seguirás gustando, aunque ahora sólo pueda darte frías mordeduras o jugármelo todo a besos robados.
Quiero que sepas que sé que podía haber sido distinto, si me hubieras querido, sería distinto.
Decirte adiós, es negar la magia que juntos podríamos haber creado, la magia que nos falta a ambos en nuestra vida. Decirte adiós es abandonar un sentimiento que ya sólo puede quemarme, traicionar la esperanza de que te importe pero tus labios lo callen.
Sé que soy difícil, complicada y abundan las veces que no me entiendes, pero...
Decirte adiós es dejarte ir, no quiero dejarte ir. Aunque no vayamos a ningún sitio, aunque esté confundida y apele amores nuevos, aunque ya no confíe en ti...
Todo, todo lo puedes cambiar con una palabra y una sonrisa.
Todo lo puedes cambiar si te importo realmente.
Para bien o para mal. Tú puedes cambiarlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)