lunes, 6 de mayo de 2013

Azul oscuro


Hoy meto en un saco todos los te quieros que no te diré. Amontono las palabras que brotaron sin pausa al oír tu nombre, dejo fluir los sentimientos que pude sentir y se quedaron en una caricia condenada a morir, en una flor que apenas nació fue pisada.
Hoy guardo en ese saco los abrazos que aún mi piel siente que son tuyos... y acerco mi mano al corazón lentamente, dudosa y arranco ese trozo que envenenaste con tu nombre. Todo lo meto en el saco, hasta la calidez más amplia, hasta mi sonrisa más sincera.

Meto las canciones que un día te cantaría al son de una guitarra mal rasgada. Meto las que te compondría con mi voz, las situaciones felizmente inesperadas. Y abandono las ganas de tardes de cine, de tus dedos en mi cara, de tu sonrisa como respuesta a la mía. Las ganas de que me enseñes a vivir en tu mundo y yo dejarte crear en el mío. Las ganas de aprender contigo, de compartir la misma manta los días de frío.

Todo lo que no fue, lo que pudo ser un día, todo lo meto en un saco y lo tiro al mar. Lo tiro al mar, lejos, fuera de mí. Lo tiro al mar que por desgracia me recuerda a tus ojos. Y le doy la espalda.