Allí estaba, con cara de pocos amigos y una mirada, de esas que hacen pensar que la más efectiva bomba atómica parece inofensiva. Pensó en dedicarle una mirada igual de fulminante, al fin y al cabo se lo merecía, pero estaba demasiado contenta como para permitir que alguien como ella absorviese como una esponja toda aquella felicidad. Así que, sin previo aviso, se plantó delante de su cara, decidida. La otra se sobresaltó y mudó de una expresión hostil a otra perpleja en un parpadeó, sin renunciar a mantener firmemente el dedo sobre el detonador de la granada, que de un momento a otro explotaría...1....,.2..........,3.............
Pero no sucedió, toda aquella tensión y recelo desaparecieron de golpe.
-¡Hola!-dijo con una sonrisa la decidida.
-....
Y la otra, se quedó sin palabras, no encontró armas para desarmar su sonrisa.
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