jueves, 24 de febrero de 2011

confusión..

No, ella no sentía ni la más mínima curiosidad por él, ni por ellos. Había aprendido a refugiarse tras un libro, a empaparse de palabras y a pasar de esos hipócritas con cara de niño bueno cuyas palabras eran todas o en su mayoría dulces mentiras a placer. Cavilaba entre mil opciones en sus largas reflexiones, quizás hubiese madurado tras sentir heridas tras la piel, quizás con su nueva mirada límpida de ciego amor pudiese vislumbrar de verdad el mundo y comprendiese que tan pocos de ese montón valen la pena. Sin embargo sabía que esa seguridad, ese desprecio, ese rencor hacia el género no era más que incierto, ya que volvería a caer y dejar que su corazón lanzase a escopetazos la sangre hacia sus mejillas, manchadas entonces de rojo rubor. Volvería otra vez a creer, a ser ingenua y soñar, a dejar que un nuevo alguien la convenciera de que el amor existe otra vez, porque eso, es lo que imagina cuando duerme. En cambio al despertar, se siente bien sola y vuelve a pensar que los caprichos y deseos anhelados no son más que tontería y traición de su subconsciente. Sabe que es frío, que es difícil y fácil, que involucrarse en algo es olvidar tu sonrisa para sonreír o llorar con más fuerza. Ella lo sabe, sabe que es paciente, que no tiene prisa, que quiere que en su vida siga siendo ella el rumbo, viviendo su camino y no el de otros por amor. Porque el amor para ella es necesidad, es sentido, es inevitable y mientras pueda quiere seguir escapando de él, sintiendo ese vacío pero completo el corazón.

Como siempre había pasado un tiempo estando bien, sintiéndose libre y huyendo de todo sentimiento irracional, y ahora, confundida había vuelto a dudar, a no saber lo que quería, a preguntarse si sus sentimientos congelados comenzaban a derretirse, a mirarse al espejo y sentir que algo no funcionaba..Sin embargo, pasase lo que pasase, seguiría sintiendo esa caricia sobre sus labios llamada sonrisa, porque no dejaría que nadie se la arrebatase, por mucho que unos ojos verdes amenazasen con traspasar la muralla inquebrantable de su libro.

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