

La primera vez resulta equívoca, se queman las tostadas, el café sabe a agua, derramas zumo por todas partes que hasta manchas sus pantalones más caros, así que aprendes a dedicarle la mejor de tus sonrisas, con tal de que se olvide que eres un completo y absoluto desastre. Y entonces, cuando parece que todo va sobre ruedas, vuelves a forzar una sonrisa deslumbrante porque su camiseta favorita ha sufrido las consecuencias de dejar en tu mano una plancha y tiempo, -es la nueva moda-le dices y él abre la boca mientras te fulmina con la mirada, pero se calla. Así pues, mientras él trabaja y estás sola en casa, pruebas a hacerle su comida preferida, y la pasta tan simple de hacer, termina en la basura desprendiendo un penoso olorcillo a quemado que intentas disimular echando ambientador por todas partes. Como último recurso, apuntaste el número de ese restaurante de pasta tan rico que vió vuestra historia nacer y eso te salva la vida. -Dos pájaros de un tiro-piensas mientras gesticulas un disparo al aire-comida y recuerdos que compartir- y te viene a la mente el grandioso olor de la pizza y los macarrones que aquel día gustó tu paladar. Pronto te olvidas del fracaso de la pasta, te pones tu mejor vestido y maquillas tenuemente tus ojos, tus labios sonrien y esa sonrisa no refleja otra cosa que no sea ilusión.
Continuan los desastres, tu empeño por dar ese toque de perfecto ambiente romántico dado por la magia de las velas termina por incendiar parte del mantel, pero no fracasa. Os levantáis corriendo a la vez y os volvéis locos en la cocina en busca de un paño que cubrir de agua. Al final lo terminas por encontrar tú y él te sigue con rapidez hacia el salón. Vuestras manos se unen al dejar caer el paño mojado sobre el pequeño fuego formado por tu descuido. Ambos os miráis, la timidez empapa tus mejillas mientras piensas que sería el momento idóneo para que te besará, nada de esos besos de bienvenida que te da cuando lo recibes en casa, no , un beso de verdad. Él se acerca a ti lentamente, parece que lee tu pensamiento, su mano asciende hasta tu cara, la acaricia y termina por cubrir de rojo intenso tus mejillas, aunque no sabrías diferenciar si es su mano o esos ojitos tan tiernos que pone cuando te mira. Derretida esperas que lo haga y cierras los ojos, esperas, pero no llega, y cando los abres ves como se rie. Despiertas y te sientes rídicula, le frunces el ceño y solo consigues que se incremente su risa.
-¿se puede saber que...?-pero no te da tiempo a terminar, él sella tus labios con ese beso inesperado y ahora cierras los ojos y disfrutas porque te besa, como nunca te había besado. De la intensidad te olvidas de respirar y cuando él despega sus labios, primero te enfadas y luego aprovechas para coger aire y no terminar una velada romántica en un hospital enganchada a una máquina. Buscas sus labios otra vez pero ya no están cerca, ellos han huído a tu oreja donde susurran:
-me encantas.
Y entonces, comprendes que no hay prisa, que las cosas poco a poco saldrán, que aprenderás a cocinar, que serás la mejor de las amas de casa y que pondrás amor a todo lo que haces, hasta a la mínima cosa, porque amor no te falta y él no va a dejarte aunque quemes la casa.

*Os queda toda una vida juntos..




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