domingo, 15 de julio de 2012

Mi vida en pocas palabras.

Tras mucho tiempo, hoy lo he comprendido, no te he perdido, simplemente, nunca te tuve. ¿Pude tenerte? Había veces que tus ojos destilaban esa confianza, me hacían creer que podía ser posible y que sólo tú podrías crear un mundo de magia para mí. Sin embargo, nunca se sabrá lo que pudo llegar a ser, porque es pasado, ayer. Pero, he soñado tantas noches con ello y te he inventado de tantas maneras, que al fin ese velo que te cubría, esa advertencia que teñía tus palabras, se ha vuelto una realidad visible. 
No sé qué hacer frente a esta nueva circunstancia, frente a los nuevos hechos. ¿Sonreir por ver cada vez con mayor nitidez? o ¿gesticular una mueca de decepción por ser estrellada y no estrella? Ojalá todo fuera como antes y me bastará fugarme a otro mundo o evadirme para huir de una deprimente verdad. No obstante, estamos en un devenir constante y se me ha hecho inevitable despertar de ese sueño que me ha mantenido aletargada durante todo este tiempo. 
Como siempre, no ha sido un beso de príncipe azul el que me ha devuelto a este mundo, ha sido la vida misma y, sobre todo, sus partes más injustas.
La libertad fue el primer olor que impregnó mi nariz al despertar, ¿por qué esperar que un beso de palabras te haga latir de nuevo, abra tus ojos? ¿por qué tanto depender? Nunca vas a llegar a tu extremo si no aprendes sola su dirección. 
Por eso, sé que tengo que armarme de valor y que eso de superar mis propios miedos tiene que salir de mí y no del sacacorchos de nadie, porque todo lo que te rodea es efímero y mentirá quien te prometa un siempre, pues el "siempre" nació de una esperanza. 
Da miedo, tanto miedo que a menudo me tiemblan las piernas. El miedo es una de las peores enfermedades del mundo, pero una de las pocas que se puede superar. Así que, tras una respiración profunda, tienes que obligarte a mirar debajo de la cama y ver la realidad, no lo que tu imaginación ha echo de ella.
En resumen, tienes que dejar de tener miedo a perder lo poco que tienes por exigir lo que mereces y, por encima de todo, has de evitar caer en utopías e imposibles sin olvidar que son los principios, aún inalcanzables, los que nos mueven a actuar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario