viernes, 15 de junio de 2012

días lupa.

-Sigo sin entenderte.-sus palabras no fueron más que el reflejo de sus ojos llenos de incertidumbre.
-Está bien-dijo ella y respiró profundamente-todas las personas tenemos un cofre, ¿vale?-él asintió-bien, pues en ese cofre nos empeñamos en encerrar todo aquello que nos hace daño, que despierta nuestra inseguridad y que, por tanto, nos da miedo. Cada día vamos introduciendo en él pequeñas cosas, cosas como miradas teñidas de odio, de pena y la peor de ellas, de indiferencia, como risas que no conjuntan con las nuestras, que rien a nuestra espalda, o como impotencia, esa daga que viene tras el error o al aceptar una realidad que no queríamos ver, por último, aquellos momentos vacíos en los que esperas que algo suceda y no pasa nada, momentos en los que se descubre que los sueños son eso, sueños. Todo esto, no es más que una parte de la amargura que se esconde en cada uno de nosotros, ese pedacito de oscuridad. Pero tenemos un límite, no se puede pudrir todo eso dentro de nosotros. Es entonces cuando explotamos, cuando miles de piedras se nos caen encima, ¿Cómo sacar todo eso al exterior? ¿Cómo volver a ilusionarse cuándo ha sido la ilusión la que te ha dejado tan vacía, tan rota, tan perdida?-lo miraba, y su mirada pedía ansiosamente una respuesta.

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