De repente, ella sonrío.
-¿En qué piensas? -preguntó él curioso debido a ese imprevisto tierno dibujo de sus labios.
-Nada- negó ella acompañada de un rápido movimiento de cabeza y unas mejillas ardiendo de tímida pudor.
-Dímelo- ordenó él, mirándola con intensidad pero sin poder atrapar los pensamientos de ella.
-Esta bien..-la convenció-pero tienes que prometer una cosa.
-¿El qué?-preguntó él, la curiosidad de sus ojos iba en aumento.
- Qué no te reirás-lo señaló ella con el dedo como símbolo de advertencia. Él reprimió una sonrisa y murmuró un:-Te lo prometo-resignado.
-Vale, pensaba.. en nosotros, en un futuro. Nos imaginaba de viejos, a ti más cascarrabias que ahora y a mí mucho más pesada y cabezota, siempre peleando por las mismas cosas que ahora, como si no hubiese pasado el tiempo, tú igual de chinchón y yo enfadándome a la mínima. Y sin embargo, contra mi enfado, aún con sesenta años más me veía esperando tu típico abrazo de perdón, ese que evapora todo lo malo. ¿Y sabes qué es lo mejor de todo? Que me ha gustado vernos así, es lo que me ha convencido para querer pasar el resto de mi vida contigo. No quiero que cambiemos, por mucho que cambie todo nuestro alrededor. Quiero que nos sigamos entendiendo, que sigamos sintiendo el mundo parado a nuestro alrededor cuando nos miramos, cuando nos hablamos y nadie más que el otro nos comprende. Te quiero, y eso es algo inmutable.
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