martes, 3 de mayo de 2011

Lluvia



Hoy, ves la lluvia cae
r sobre tus ojos, inundándolo todo. No tienes paragüas y la lluvia apreta sin piedad sobre tus mejillas donde se desdibuja un beso, su beso. Aquel que de tus labios la lluvia borra y hace desaparecer, como si nunca hubiese existido, como si nunca hubiera sido posible. Todos los recuerdos te escuecen en los ojos, todas sus palabras se vuelven dagas de oscuridad allá en la profundidad a la que llegaron. Sientes que nadie te comprende, que lo que gritan tus ojos nadie lo escucha. Sin embargo, yo sé que gritas su nombre, que sueñas cada noche con que la abrazas, y que cuando por fin la tienes y cae sobre tus brazos, desaparece. Oigo tus gritos desde mi ventana, siento tus lágrimas en mis mejillas, pero por más que mis labios te hablen, tu mirada se esconde cuando me miras. Ellos pretenden hacer nacer en tu alma un mensaje y hacerte comprender que por más que odies la lluvia con alma y corazón entregados, es la única manera de sanar esa herida, de limpiar la sangre seca sobre tu pecho.

La lluvia te limpia por dentro, la lluvia arrastra el dolor y se lleva al mar los sentimientos. Sé que tu odio es temor, que tienes miedo porque vivir con el dolor aún sufriendo, te hace sentirte cerca de ella estando lejos, que es vivir la esperanza de su regreso. Y sin ello, sin ese deseo que te mata por dentro, tienes miedo a sentirte demasiado vacío, demasiado hueco y reconocer que te perdiste a ti mismo, que ya estas perdido. Pero debes dejar que su rostro la lluvia limpie de tus pupilas, que se lleve su olor, su cara, su risa. Crees que no podrás vivir sin ello, pero confio en que cuando te mires al espejo, bajo ese pelo mojado y esa mirada cansada de tanto pensar en ella, descubras que tu sonrisa es algo también muy especial por lo que luchar. Y en ese momento, quizás mis palabras el aire haga acariciar en tu oído.

-Recuerda que nada, ni nadie es lo demasiado importante como para apagar esa luz de tus ojos, porque esa luz eres tú.
Quien siempre brilló con luz propia.



Porque la lluvia, es olvido y si tememos al olvido es porque se lo lleva todo.

Pero no puede llover eternamente y algún día debemos volver a dejar salir el sol y renacer, renacer como un fénix que muere para nacer de nuevo.

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